sábado, junio 27, 2009

SOBRE 34, DE C. FAÚNDEZ


Conozco desde hace una buena cantidad de años a Claudio Faúndez (Valparaíso, 1973) (C. Faúndez, en su nombre de autor), y me es imposible olvidar Playa Ancha –como paisaje humano más que como imagen detenida- en el instante en que tengo que dar cuenta de 34 (Valparaíso: Ed. Cataclismo, 2008), poemario en que celebra ese número de años, si es que de una celebración se trata. Y esto porque Playa Ancha, más que cerro o sector, casi una ciudad asociada al puerto de Valparaíso, sigue siendo un ejemplo cotidiano de esas realidades que se nos han estado escapando de la literatura desde que pueblo pasó a ser de nuevo una simple palabra –y una mala palabra. A pesar de ciertos intentos risibles de convertirla en patrimonio literario (incluyendo el bautizar a Pezoa Véliz como porteño y playanchino), Playa Ancha está muy lejos de entrar a la moda patrimonial o literaria: en lo cotidiano la vida no se deja atrapar por museologías y transcurre tomando y olvidando las ocasionales victorias y las más comunes derrotas cotidianas en una ciudad que sufre desde hace décadas la absoluta escasez de puestos laborales, así como miserias más actuales como la pasta base o los funcionarios que se pasean impunes con el botín ganado en los últimos años a través de una corrupción desesperante. Esto, por supuesto, es tan iletaturizable como el lento paso de la tarde y la noche: habría que estar ahí para saberlo –donde la gente vive: más arriba de la Universidad de Playa Ancha, claro, que no nos dirá nada sobre esto.

El clima de una casa cercana a uno de los cementerios más lúgubres que uno pueda imaginarse –más o menos oculta en una quebrada de fuerte humedad- daría una noción más precisa; pero claro, habría que estar ahí. El imaginario de Faúndez logra llevarnos a la presencia de un transcurrir del tiempo más allá de los acontecimientos –el acontecimiento acá se da, a lo más, en la visita de un par de amigos del poema la mosca, en que la conciencia del hablante termina alejándose hacia la expresión de una nueva experiencia de encierro. En el encierro de un insecto parece expresarse el absurdo de cualquier noción de espacio externo o cualquier utilidad de la visita: situación que rememora a Kafka, y precisamente desde el ambiente de transcurso cerrado e impasible del tiempo que su narrativa expresa.

Pienso en narrativa, porque en general la voluntad narrativa aplasta en estos textos cualquier lirismo. En la tomadura de pelo de la desesperación de quien desea escribir un poema de forma perfecta se ve claramente el deseo de exterminar cualquier punto de fuga en la poética de Faúndez, restando a la vida y a la muerte cualquier sentido de trascendencia. Lo lúgubre se presenta suavizado por la frialdad del oficio de testigo: el trabajo de la carnicería –la trivial y breve presentación de los empleados y sus instrumentos- podría verse como la imagen de esa actividad de frío registro, en que la atención sobre lo cotidiano desplaza definitivamente cualquier carga emocional sobre el material tratado.

Sería sencillo lograr este clima si se obviara completamente la presencia de lo trágico, mas Faúndez sí lo hace aparecer. La clave de esta presencia se da en jirones: la inquietante figura de un farol, la muerte de una madre, la nostalgia de la época de la inocencia. Lo interesante del tratamiento de Faúndez es la aparente sencillez al relevar estos hechos trágicos a un segundo plano, dejando a la vista el paso del tiempo o la banalidad (pienso en libro de poemas, por ejemplo) como el sustento de la imagen poética.

La base es sin duda un sentido de prolongada contemplación, que no busca revelaciones, sino que la sola experiencia del transcurso. Esta pura melancolía es el clima dominante de los textos, y hasta la sencilla y oscura presentación externa del poemario tiende a confirmar esta percepción. El hablante, como habitante de lo trágico, no es capaz de ver el hecho trágico en su totalidad, habitando permanentemente el momento vacío del pasmo, la indiferencia tras la lucha contra la necesidad. La salida a ese pasmo paralizante se presenta en el pleno sumergirse en esa penumbra nocturna: para salir de la noche servirá un fósforo sostenido por dos dedos agusanados, como expresan los versos que cierran el libro.

34 tiene la dimensión breve de un libro de anticipo, que espera un desarrollo más amplio. Aunque, como muestra de la voluntad poética de Faúndez, es de gran contundencia. Si bien aún se puede ver el aspecto oscuro y denso de los cuentos de El Silencio –Manuscritos para los Suicidas del Mañana (Valparaíso: Ed. La Bruja, 2000), la escritura poética tiene características propias y definidas: la formación de imágenes poéticas compactas y el sentido de una cierta musicalidad trunca de gran fuerza y originalidad le dan a Faúndez pleno derecho de ciudadanía poética en un Valparaíso en que la poesía de la melancolía (piénsese en Juan Cameron, Ennio Moltedo o el también playanchino Álvaro Báez) tiene y seguirá teniendo una poderosa presencia.

jueves, junio 11, 2009

FURIA DEL LIBRO: EN VILLAVICENCIO 323


Una ocasión imperdible.

19 de junio

20:00 hrs. Noche de apertura de la Furia del Libro

Recital con los poetas: Germán Gana, Galo Ghigliotto, Pablo Paredes, Gladys Mendía, Gustavo Barrera, Ángel Valdebenito, Edson Pizarro, Elvira Hernández, Alejandra Fritz.

Música en vivo.

20 de Junio

11:45 Lanzamiento de Nuevo curso de Mecanografía. Diego Alamos. Ediciones Luciérnaga.

12:30 Lanzamiento de Jaunesse 1. Carlos Henrickson. Alquimia Ediciones.

13:45 Lectura Gustavo Barrera, Alejandra Fritz, Elvira Hernández y Edson Pizarro. Ripio ediciones.

14:30 Lanzamiento Antología Nunca Nunca. Clara Quero y Cristina Bravo. Microeditorial Lingua Quiltra.

16:00 Conversación y lectura entre: Juan Pablo Sutherland, Pedro Lemebel y Felipe Rivas; en torno a Literatura, Política y Género.

17:00 Conversación y lectura con José Angel Cuevas.

17:45 Conversación y lectura con Patricia Espinosa y Roberto García.

18:30 Lanzamiento Epew-Fabula. Nuevo Imaginario visual de la poesía Mapuche. Piedra de Sol Ediciones.

19:15 Recital de Poesía y Narrativa actual:
Jaime Huenún, Felipe Moncada, Tomás Browne, Felipe Becerra, Lucas Costa, Enrique Winter, Víctor Quezada.

20:00 Performance “Putas para Huidobro”. Eli Neira.

20:30 Lanzamiento de Segunda Serie Poetas del Puerto. Rabiosamente Independientes.

21:00 Música Electrónica Experimental.

21 de Junio


11:30 Presentación de las leyendas The lanterns of Pillan y When the moai walked (Lectura de leyendas chilenas en inglés, apoyo de imágenes a través de power-point. Amapola Editores.

12:15 Cuentacuentos Infantiles. Eva Passig.

12:45 Leyendas chilenas adaptadas por el equipo Amapola Editores.

13:15 Presentación del libro A la sombra, Encuentro Lit. en el recinto penitenciario femenino. Alquimia Ediciones.

14:00 Lanzamiento de Lenta. Alexia Caratazos. Alquimia Ediciones.

14:45 Muestra de Videopoesía, Varios autores.

15:00 Lanzamiento de Revistas Literarias: Los Poetas del 5, Contrafuerte, Cuadernos Quiltros N1, La Piedra de la Locura.

15:45 Lanzamiento de Los Perplejos. Cynthia Rimsky y Lanzamiento de Colección Reserva, Ricardo Loebell. Sangría Editora.

16:00 Conversación y lectura con Rafael Rubio.

16:45 Recital de Poesía y Narrativa:
César Cabello, Juan Pablo Pereira, C. Faúndez, Julieta Marchant, Marcos Arcaya, Guido Arroyo, Diego Ramírez.

17:00 Lectura Poética: Héctor Hernández Montecinos, Carolina Vega, Leonardo Quezada, Rodrigo Romero-Flores, Cristian Moyano, Yeko Aguilera.

17:45 Proyección de documental “Señales de Ruta”, de Tevo Díaz, sobre el Poeta Juan Luis Martínez.

18:15 Presentación Los Cantos Ocultos. Antología indígena Latinoamericana. Jaime Huenún.

19:00 Conversación y lectura con Carmen Berenguer. Organiza: Catapulta Libros.

19: 45 Presentación de Editorial Mansalva de Argentina, conversan el director de la editorial Francisco Garamona, y el crítico del diario El Mercurio, Pedro Pablo Guerrero.

20:30 Presentación del libro “Sobre la ausencia” de Carlos Droguett, y exhibición de video del autor. Presenta: Roberto Contreras Organiza: Lanzallamas Libros.




Entre las editoriales participantes se encuentran:

Puntociego Ediciones
Ediciones Cataclismo
Lanzallamas Libros
Ortiga Ediciones
Microeditorial Lingua Quiltra
Rabiosamente Independientes
Canita Cartonera
Das Kapital Ediciones
Ediciones del Temple
Corriente Alterna
Puerto de Escape Editores
Replica Mag
La Piedra de la Locura
Editorial Fuga
Ripio Ediciones
Sangría Editora
Revista Contrafuerte
Piedra de Sol Ediciones
Ediciones Luciérnaga
Revista Los Poetas del 5
Mythica Ediciones
Amapola Editores
Editorial Gog y Magog (Argentina)
Vox Ediciones (Argentina)
Editorial Mansalva (Argentina)
El niño Stanton Ediciones (Argentina)
Editorial Black & Vermelho (Argentina)
Editorial Zignos (Perú)

viernes, junio 05, 2009

IN MEMORIAM SERGIO RAMÓN FUENTEALBA


La lucha por la promoción y difusión de la cultura es, sin duda, una de las guerras –así de extremo, así de difícil- más largas de nuestra humanidad. No me refiero a la cultura en sentido amplio –lo que todos hacemos a toda hora, la forma en que vemos el mundo-, sino a esa vuelta dialéctica que nos hace ver todo eso que hacemos bajo la luz de un segundo momento, así como volver a ver el mundo tal como es. Ésta es la base que moldea nuestra ética personal y social, ésta es la condición única para ver el mundo como quisiéramos que fuera. Por esto el sentido ético y político de todo quehacer cultural permanece en un primerísimo plano para nosotros, los que metemos la vida en eso, a pesar del persistente blanqueo del concepto de cultura que quieren hacernos tragar –y así entregar las preguntas y las respuestas fundamentales a los administradores burocráticos de la vida social, a los moldeadores de una humanidad sorda y ciega.

Es, sin duda, una vocación, algo imperioso. Eso se me viene a la mente cuando me acuerdo de Sergio Ramón, y en especial considerando que colaboré con él en las publicaciones que realizaba junto con su esposa, Cecilia Zúñiga. Si bien aprendí de muchos lo que concierne al arte y la cultura en cuanto creación, fue con Sergio Ramón de quien aprendí lo imperioso de la vocación de la difusión cultural, y en su aspecto más real y palpable. Ya ni recuerdo en cuantos de esos libros trabajamos (¿10, 15?), sabiendo que si bien no correspondían a la vistosa presentación de las escasas publicaciones que aparecían en Concepción, su interés inmediato les hacía imprescindibles. Las entrevistas a escritores y artistas de nivel nacional e internacional que duraban un día en el diario de esa ciudad de mala memoria pueden prestar hoy ese testimonio: el oficio de Sergio Ramón lucía ahí la precisión de ese verdadero periodismo cultural, atento, consciente y pleno de sentido, que hace rato viene escaseando –y las crónicas sobre el Concepción de las buenas épocas demostraban en él el estilo ágil y agudo de quien más que nostalgia tenía el sentido de celebración de lo que significaba vivir en el entorno cultural floreciente que algunos hubiéramos querido que volviera a ser la ciudad.

Dejo aparte el tema de las publicaciones literarias, y eso porque ahí me corresponde hablar en sentido personalísimo. Cuando estaba recién intentando mis primeros esbozos literarios –irresponsablemente (como siempre debiera suceder en la primera publicación) editados en Ediciones Etcétera por Tulio Mendoza-, me tocó encarar por primera vez una entrevista, en el edificio del diario El Sur de calle Freire. Fue Sergio Ramón quien me hizo aparecer en una nota para la Gaceta, como “el benjamín” de la literatura penquista (¿el 91, el 92?). Miro hacia atrás, y gran parte de lo que estimo el deber de prestar una atención seria a los autores más jóvenes, al mismo tiempo en que se considera la trayectoria más larga de los consagrados, viene de ese gesto suyo, que revela no tan sólo la mente amplia sino el alma grande. Eso escasea, y este verbo me viene demasiadas veces a la cabeza cuando se trata de la pérdida de Sergio Ramón. No es extraño, entonces, que surgiera una amistad y la colaboración en las publicaciones, una de las cuales fue mi segundo libro, Y si vieras la Mañana, de cuentos y poemas, el año 98.

La amistad de Sergio Ramón es otra cosa que extraño. Con el tiempo veo que las conversaciones entrañaba cierta sabiduría difícil de hallar en estos tiempos: saber aprender que en la vida del arte y la cultura (así como en la cotidiana) no había gente perfecta y que todos los ideales pasaban por esa humanidad –llena de pequeñeces y de limitaciones- para realizarse. El extremo escepticismo con respecto a las múltiples promesas que traía la cultura en épocas de “transición” y la necesidad del reconocimiento del quehacer cultural real son cosas que aprendí en esas conversaciones.

Correspondió además la amistad común con Tagore Biram, en cuyos libros, publicados por Sergio Ramón, yo trabajé como editor. Esa solidaridad efectiva, compartida por muy pocos (pienso en Omar Lara, en Fernando Vásquez, en el Taller Mano de Obra y en otros que me olvido), significó otra muestra de un deber cumplido, deber que nadie ordena que se haga, pero es necesario hacerlo. Desde ese tiempo aprendí que sobre la rabia y el dolor hay que construir, y construir alegremente. Ese sentido profundo del compromiso, a mil kilómetros del habitual compromiso político de la boca hacia fuera, solamente lo podría haber comprendido en casa de Sergio Ramón, celebrando o recordando penas junto a él y su familia.

La última vez que anduve en Tomé fui a la antigua casa y no le encontré, me arrepiento ahora de no haber hecho algún otro esfuerzo. Ya nos veremos, después.

viernes, mayo 29, 2009

UNA CRÍTICA BARROCA SOBRE EL HABITAR



Sobre Creatur, de Gustavo Barrera Calderón




En el amanecer del humanismo, cuando el arte se hizo cargo de las ciudades, las pensaron como formas visibles además de habitables, y hasta ahí el juego de hacer arte de la vida andaba bien. Mas las ideas de los hombres tienen mal carácter, y a veces, sin cuerpo ni sangre ni venas toman el control de la débil máquina que ha resultado ser la sociedad humana. Toda una disciplina de diseño social ha impregnado nuestra forma de vivir y desplazarnos por el mundo: y cuando nos desplazamos por el mundo en los trayectos de siempre, nuestro recorrido corresponde a simetrías prácticamente ya determinadas por ingenieros especialistas. Los seres también están a punto de convertirse absolutamente en simples formas visibles: ya vemos más ejemplos de personas que a personas, modelos.
La crítica a la objetivación del ser humano ha asumido mil y una vez los símbolos del crush dummy o la sofisticada fantasía de los mundos virtuales de Matrix o El Piso 13: seres hechos a modelo. La operación tan obvia de objetivizar lo subjetivo es la consecuente: mas una profundización dialéctica de esta operación, que constituya el examen de una posible subjetivación –una vida de las máscaras creadas en forma industrial y manejadas por los sistemas normativos-, puede llevar en el plano de la creación poética a una conciencia real sobre las condiciones objetivas de lo que actualmente significa vivir en una ciudad.
Me parece éste uno de los alientos tras el último libro de Gustavo Barrera Calderón (Santiago, 1975), Creatur (Santiago: RIL Ed., 2009), y particularmente desde el momento en que parece definirse como un artefacto bastante más complejo que un libro de poemas, incluyendo una sección de imágenes que se configuran como índices fríos más que como ilustraciones pensadas para embellecer un texto –al modo de obras como La Nueva Novela, o sus antecedentes más populares: las guías, los manuales de instrucciones, los libros escolares. Desde ya, el mismo título remite a un neologismo, que enajena al oído el concepto de creatura -que lo hace nombre propio en esa fuerza. Este ser de nombre propio puede o no llegar a identificarse con el autor; y precisamente esto confirma la vaguedad de su pretendida calidad de “personaje”, su posible objetividad ante el lector.
Este desarrollo, que puede dar para una multitud de juegos metafísicos, es ligado por Barrera directamente a la temática del habitar urbano, con lo que amarra esta poética límite a un desafío de carácter profundamente político. El habitar como hecho complejo –no realizado por el sujeto, sino como un atributo casi intrínseco- es precisamente el resultado del despliegue de este “Creatur”, desde los entornos más simples de su funcionalidad: la casa y el lugar del reconocimiento e identificación (en primera instancia, un centro comercial). “El hombre” y “la mujer” ejecutan una serie de escenas en que cada acción parece cancelar su interioridad, abriéndoles la vía a un paradojal y extremo horror existencial desde el vacío de un ser enajenado.
La atmósfera de esta realidad bajo el ataque de la crítica “trascendente” de la representación literaria parece a ratos ser la del sueño: una existencia a la manera de simulacros, maquetas de seres humanos. Sin embargo, la continua operación de alejamiento que ejecuta Barrera desmiente cualquier tipo de onirismo en el sentido de las vanguardias clásicas –cualquier tipo de posibilidad de liberación se ve cancelada por la permanente representación de un malestar abismal. En este sentido, Creatur puede ser visto como una poderosa vanitas, en que no falta una noción desleída de la pretendida conciencia de un autor. La misma concepción de la obra asume a momentos la condición de una instalación fría que revela la imposibilidad de expresar a plenitud la enajenación que se supone tema del libro en el Catálogo final.
Para ello, el despliegue de escritura asume un carácter proliferante de procedimientos que cierran cualquier posibilidad de un “estilo escritural”: es más, es frecuente el referirse paródicamente tanto a antecedentes literarios (Juan Luis Martínez, Zurita, Gonzalo Millán) como a textos de carácter para-literario o abiertamente no literario (guiones, manuales, guías de instrucciones, registros de chat, etc.), en un movimiento que me parece resistirse de manera obvia a cualquier tipo de fijación estilística. El resultado, naturalmente, es el distanciamiento violento de Creatur con respecto a una idea de “obra artística”, haciendo de su relación con el lector una de perpetua enajenación: operación tanto más exitosa cuanto su fin es precisamente una conciencia de des-situación en el lector. Las “Canciones lejanas” de la sección Criogenia me parecen singularmente significativas a este respecto –como una fuerte respuesta paródica a la épica trascendente “patriótica” intentada por Zurita en los albores de la llamada “transición” democrática. Veo el abismo al fondo de Creatur como un signo de cierre (entre tantos) de los proyectos poéticos validadores del sistema simbólico nacional que emergieron tras la caída de la dictadura.
Dice Guy Debord en la tesis 177 de La Sociedad del Espectáculo: “Las "nuevas ciudades" del seudo-campesinado tecnológico inscriben claramente en el terreno la ruptura con el tiempo histórico sobre el cual fueron construidas; su divisa puede ser: "Aquí nunca ocurrirá nada y nunca ha ocurrido nada"”. Esta detención –permanente, cotidiana- paradójica en el seno de un mundo en progreso continuo, es presentada en la proliferación barroca de este libro en una forma que difícilmente se ha visto en la producción literaria chilena de los últimos años. Más allá de cualquier forma de facilismo, la investigación desde y en el seno de la duda más radical (en el plano del habitar) tiene acá más contingencia que la nostálgica introspección sobre la historia política de los últimos 40 años o el alarde inútil en pos de nuevas vanguardias revolucionarias que no necesitan de gestos performáticos escritos para ser confirmadas en el plano de la acción. El terreno evanescente y abismal de la escritura de Creatur deja ver claramente una reflexión efectiva sobre las condiciones reales de la existencia contemporánea.
La fuerte inscripción política del gesto de fondo de Creatur es una más de las muestras de la vitalidad y conciencia de la poesía actual del país, tantas veces motejada de autocomplaciente y en ruinas por actores interesados de la cultura oficial. La dificultad de leer políticamente registros escriturales como éste es tan sólo una demostración más de la aún deficiente y simplista forma de relacionar literatura y vida social, de asumir el sentido político de la escritura poética.

lunes, abril 13, 2009

ANTOLOGÍA EN MOVIMIENTO -Martes 14 de Abril -19:00 hrs.

Antología en Movimiento

Ciclo de Lecturas Poéticas. Un diálogo de generaciones y estilos.

Todos los martes de 2009 a las 19:00 hrs. en La Chascona.
Fernando Márquez de la Plata 0192, Providencia


“Antología en movimiento” es un ciclo de lecturas poéticas que se realizará en la casa “La chascona” de la Fundación Pablo Neruda, cada martes a las 19:00, desde el 14 de abril hasta el mes de diciembre (tentativamente el 29 de diciembre). Cada sesión constará de un panel de lecturas de tres autores. Además, un grupo de microeditoriales y revistas de literatura tendrán su espacio para mostrarse y difundirse.

El proyecto de lecturas de poesía “Antología en movimiento” se fundamenta en la idea de plantear un diálogo entre generaciones, edades y movimientos, así como propuestas (estéticas e ideológicas) diversas, incluso opuestas, para dar un panorama cabal de la poesía que se está produciendo en Chile (intentando también convocar a poetas de regiones).


Organizan: Simón Villalobos y Juan Manuel Silva
Patrocina: Fundación Pablo Neruda
Apoyan y difunden: Revista Contrafuerte, La Calle Passy 061 (www.lacallepassy061.blogspot.com), Revista Grifo, Editorial Piedra de Sol y Editorial Fuga.

domingo, febrero 08, 2009

Sobre UN OJO LLAMADO CACERÍA, de Marcela Saldaño

Más allá de las exigencias externas que se le acostumbran hacer a la actividad poética en nuestros traumatizados medios culturales, es bueno recordar uno de sus papeles más arcaicos: el de registro –incompleto, crítico- de una experiencia de conocimiento tan radical que traspasa el lenguaje, forzándolo a una intensidad que lo obliga a curvarse sobre sí. Esta crisis de la expresión poética, encarada a sí misma por un asombro radical frente a lo otro, es la madre de la musicalidad particular de nuestra arte, así como de la actitud ante la altura del oficio.

En este conocimiento, primigenio e intransferible, el más riesgoso de todos, reconozco el camino literario de Marcela Saldaño, marcado por esa corriente alterna de la historia de la poesía, que desde su carácter sacramental y secreto hasta las escuelas románticas y la praxis surrealista, han mantenido viva la esencialidad paradójica y radical del oficio. En esta obra de Marcela, el peso de una peligrosa intimidad –el máximo riesgo en la experiencia de conocimiento- se vuelve una necesaria llave de entrada para la compleja densidad de las imágenes y el lenguaje que acá se presentan.

La imagen central del ojo, como evidencia de la operación de conocimiento, se presenta desde el título, es claro; pero su exacta determinación como imagen es bastante más compleja. Este ojo posee no sólo su capacidad de receptor de imágenes –lo que lo configura como compacto órgano sensorial. El ojo posee, en este libro, una inquietante interioridad, absolutamente ajena a su mera funcionalidad. El hablante se ve obligado a asumir la condición, por un lado, de objeto de su ojo –desde su materialidad que lo constituye más débil que la corporeización de una categoría sensorial o filosófica, y es así como puede sufrir daño y sucumbir al peso de las vertiginosas metamorfosis que la poética de Saldaño pone en el centro del flujo de imágenes. Pero por otro lado, esta misma metamorfosis lo mueve hacia un mundo poético en que los entes se vuelven activos merced a esta misma plasticidad: el ojo desea, grita; se hace condición llegar a generar una sospecha primigenia sobre él para abrir la puerta a la poesía de este libro. El sujeto de conocimiento se mueve sin planes o dirección, y sin dejar de ser activo y hasta agresivo, tendrá en sí la inercia y la pasividad de la vida vegetativa. Esto conduce directamente al animal como figura definitoria de la experiencia poética.

Destaco la figura del animal, no por el simple hecho de no tener un intelecto ceñido a objetivos o no tener pensamiento abstracto. En mi modo de ver, la experiencia de formar parte de una naturaleza totalizante y aniquiladora, precede en forma oscura a la conciencia de separación del ser en búsqueda de conocimiento, en la obra de Marcela, tal como la densidad y lo espeso es condición para el relámpago claro de Visión que sostiene su poética, y el flujo inerte del agua lo es para la plena definición de un sujeto escritural que se define desde la lúcida dolencia. La re-situación de lo primordial, reconocido y experienciado, es uno de los logros de la poética de Marcela, otorgando a su obra los caracteres de ese “crepúsculo consciente”, clave para una redefinición del ideal humanista desde la recuperación de lo irracional por parte del romanticismo y el surrealismo.

Me parece ver también en Un Ojo Llamado Cacería una suerte de estado luctuoso. La presencia, no sólo de la muerte en su abstracto, sino de una multiplicidad de sombras muertas, marca el libro con una voluntad de purgación, que creo que se puede asimilar bien a una nostalgia por un “estado de gracia” ya inconcebible, por el hecho de que la misma naturaleza esté habitada por un irresistible flujo de fuerzas aniquiladoras en continua transformación y flujo. La profundidad de este luto se puede apreciar cuando no se resuelve a cerrarse dentro del libro, prefiriendo la absoluta conciencia del duelo, desde una forzada y amorosa mudez por la carencia de signos y la sobredeterminación del deseo hasta lo que parece ser la elección de mantener el Secreto en su plano oscuro, sin darlo a la luz. El movimiento del sacrificio, la cesión de sí en el paso a un momento previo a cualquier tipo de definición abstracta del ser, confirma a la naturaleza en su flujo impasible, dando a la aceptación eufórica de la muerte y la organicidad del ser (un ser en una definitiva minúscula) la contundencia de un juicio estético.

Escritura final de una época final, Un Ojo Llamado Cacería revela uno de los libros de poesía joven más lúcidos en lo referente a la actividad poética misma. Como fin de un año de excepción en la producción poética joven chilena, no se podía esperar confirmación más clara de lo que va en la apuesta del oficio, en un entorno poético que no deja de sorprender.

jueves, diciembre 18, 2008

Presentación de A LA SOMBRA -Viernes, 17:45

Tecnopacha: más allá de una poética de resistencia

Una de las muestras más poderosas de la vitalidad y modernidad paradojal del viejísimo oficio poético que son menos evidentes, es la metamorfosis permanente de la imagen del autor. Nacido el oficio de una vaga penumbra en que entrevemos al poeta como aquel a cargo de la Totalidad, al poeta no le fueron extraños los status del sacerdote, del emisario de la incipiente vida cívica, del sabio, el bufón o el soldado. La cuesta abajo de la totalidad de la vida bajo los lazos de civilizaciones cada vez más reduccionistas de las imágenes y atributos del ser humano, puede leerse fácilmente en el historial de la constante sobredeterminación del autor de poesía, incluyendo ese momento en que se supuso falazmente a la poesía como una escritura y aquel en que se supuso al poeta como necesariamente comprometido o necesariamente no-comprometido. La vitalidad irreprimible del oficio poético ha barrido con todas las determinaciones que desde el segundo cielo de la cultura (un cielo falso, por supuesto) se le han querido dictar, confirmando con ello lo primordial de nuestra actividad.

Es en este sentido que Tecnopacha nos da un evento que la poesía nos entrega tan sólo de vez en cuando y en momentos en que los cambios históricos precipitan vueltas de cabeza de todo lo que era la vida conocida: la resituación del autor con respecto a la sociedad y a su obra.

Tecnopacha presenta un mundo fracturado, cuyos pasados ancestral y cercano, su presente y sus futuros utópico o catastrófico, se rebelan a toda solución de continuidad, proyectándose como instantes fragmentados que cohabitan el momento de la escritura. Este momento está lejos de ser el presente,  y es importante el peso de la elección que asume Óscar: el tiempo de los eventos proféticos, en que el registro de la visión y los sucesos ocupa un destiempo urgente que acaba por frustrar toda posible diacronía. Así, la visión profética termina eligiendo la niebla en vez de la comunicación directa.

Plantear en este sentido que el hablante se asume desde la profecía es una deducción sumamente simple, que es verdadera en algún sentido, pero incompleta (y aquí creo que yace la confusión de algunos críticos al asociar de modo directo esta poesía con la mera utilización mimética del discurso profético que hace Zurita). El transcurso vital y espacial del hablante a través de una geografía traspuesta en el delirio, multiplica su posible situación, haciendo una especie de “viaje de vuelta” desde la sobredeterminación de la poesía moderna. El poeta recupera en Tecnopacha el status de estrella de rock o pop, de chamán, sacerdote, de mesías religioso o político, de líder de masas de derechas o izquierdas, de víctima o victimario, asumiendo una salvaje parodia de la totalidad ancestral del oficio. Esa totalidad degradada y ficticia es exactamente, creo, el cargamento de pólvora de Tecnopacha a nivel sociopolítico, el darse como espejo de la ilusión capitalista de falsa totalización de la existencia, lo que Guy Debord denunció en La Societé du Spectacle como espectáculo, falsa unificación de la existencia en el seno de la apariencia -una vida social desvanecida. En esa abundancia de la desposesión, la proliferación delirante de imágenes en la poética de Óscar se consuma naturalmente en lo que el mismo texto indica como el poema capitalista. Esa entrega de sí del libro como negación reproduce directamente la entrega de sí del espectáculo como negación de la vida en un espejo deforme, que deja ver el mecanismo de dominación de ese espectáculo.

De ahí la inquietud política que surge de la poética de Óscar, visible incluso en quienes no tienen el “entrenamiento” de la lectura política de textos. La visión de la fragmentación es construida con una acuciosidad del uso de un lenguaje precisamente conformado para este efecto. El que el hablante comparta este destino de degradada fragmentación del sistema socioeconómico y el sistema simbólico, pone en una crisis general todo el imaginario presentado en Tecnopacha, produciendo naturalmente el efecto abismal de un barroco postmoderno.

Profeta que no anuncia mesías, sino la sempiterna derrota de remedos de mesías impotentes y de carne y hueso, espectáculo ultrasubjetivo y despojado que refleja el espectáculo totalizante de dominación social; este decidido habitar de la contradicción en el sentido más profundo (en el de los procedimientos de creación de imagen) reafirma, como decía al principio, el carácter de manifiesta vitalidad de la poesía chilena, al asumir una nueva vuelta de tuerca en la situación del autor. Experiencia límite de deriva de sentido en la literatura, Tecnopacha y la serie de libros que vendrán pone en escena un nuevo acercamiento entre poesía y vida, más estrecho que el poema político de reivindicación desde el instante en que opera a través de negaciones. Tecnopacha marca, definitivamente, una inflexión en la poesía chilena reciente, al apuntar con decisión un punto de fuga posible hacia una poética política que se sepa deshacer de los fantasmas y lastres de la enunciación obvia. En este sentido, el paradójico carácter fundacional de la función profética se aplica en propiedad, y la necesidad de la poesía como una de las alternativas a la barbarie vuelve a ponerse en el horizonte de la literatura chilena.

 

miércoles, diciembre 17, 2008

Página de Arte Mapuche

Se recomienda fervientemente a los visitantes que se den una vuelta por esta página de arte mapuche. 

http://www.unocaediezselevantaran.blogspot.com/

No es sólo que no esté de más, es que es importante hacerlo.

jueves, noviembre 27, 2008

Lectura en casa museo de Isla Negra, este sábado 29

El 29 de noviembre a las 19 horas, en la casa Museo de Isla Negra se realizará una lectura de tres destacados poetas Guillermo Riedemann, Carlos Henrickson y Roberto Contreras, una performance alusiva a Estravagario dirigida por Hernán Castellano Girón y la presentación del conjunto de jazz de la cantante Camila Meza.

Además, estará en exhibición durante todo el mes de noviembre la exposición sobre Estravagario.

lunes, noviembre 24, 2008

Lánguida la Enana


A F.



Amor mío, se ríen de un extremo
al otro del festejo por el maloliente tinte
que en la cara me has
dejado; no entenderán jamás la pureza

del sacrificio cuando en cada una
de las vértebras el amor hace hiato,
e imposible me erijo buscando de nuevo la caricia
que quema. Pero ya no, ahora

sólo vas a salones oscuros de nobles
pervertidos, en que tus sueños de matar
y morir se cumplen con espanto y risotadas,
risotadas y de nuevo espanto. Te cansó

el hambre cotidiana, el buscarnos mutua-
mente entre la pila de huesudos
enanos, ese sexo de muchos que era al fin
nuestro amor, esa baja

traición a nosotros mismos y al mentiroso
mundo. Me has dejado soñando
con animales rojos noches
enteras, en una densa, acuosa química yo,

hundida y acabada. Ésta será la última vez
que te recuerde. Al morir, seré
tu muerte, y aún el tinte hediondo, barato
de la pintura payasesca bendecirá mis restos

frente a la noche inútil.